SER AGRADECIDO

Las fiestas navideñas son una época muy especial. Espero esta temporada con ansias… Me encanta saber que iré cambiando el calor habitual de la Florida por la calidez que parece renacer en las personas durante estas fechas. Es hermoso ver las decoraciones, la gente de compras, los villancicos en cada almacén.   Esta es la época del año donde las buenas cualidades resurgen, luego de haber estado en “estado de hibernación” por 11 meses.

Una de esas cualidades que resurgen es el ser agradecido. Esta es una de las características que más valoro en una persona; la tengo presente constantemente, me agrada imitarla, quiero enseñársela a mi hija y la que he decidido adoptar voluntariamente: es ser agradecido. Dios le complace que seamos agradecidos, primeramente, con Él y luego con el prójimo. Nos hace bien y hay bendición en ser agradecido.

“Y la paz de Dios gobierne vuestros corazones, a la que fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Colosenses 3:15 RV60.

Me inspire a hablar del tema a raíz de que mis vecinos han tomado una iniciativa que realmente me ha conmovido, sobre todo por ser un asunto que tal vez no les atañe directamente. Han decidido hacer un almuerzo especial para agradecer a los miembros de nuestro departamento de policía local por sus servicios y sacrificio incondicional y constante.

En la madrugada del 6 de octubre, durante el pleno impacto del Huracán Mathew, tuvimos un terrible incidente con mi nieto que solo tenía 10 días de nacido. Esta pequeña personita estaba tomando su tetero, cuando empezó a ahogarse al punto de quedar lánguido y sin color. Al ver que no reaccionaba, no nos quedó más que llamar a la línea de emergencia 911. Mi hija en medio de gritos y angustia trataba de explicar la situación. La persona que contestó, le dijo que no podía enviarnos una ambulancia ya que estábamos en medio de un huracán y pondría en peligro la vida de estos trabajadores. Sin embargo, prosiguió a pedir la dirección y llamó a nuestro departamento de policía quienes habían decidido quedarse a trabajar, aunque estábamos en zona de evacuación. En menos de 5 minutos estaban en nuestra puerta. Ya que no podíamos contar con ambulancia, nos escoltaron en medio de fuertes ráfagas de viento, arboles caídos y basura en el camino a la sala de emergencia del hospital local.

La historia es un poco más larga y compleja, pero la cuento como referencia de lo que significa tener un corazón agradecido aún cuando no somos los recipientes directos del favor o gesto… una comunidad se ha unido y está agradecida por un bien hecho a uno de sus miembros. ¿Cuando fue la última vez que agradecí a mi vecino por haberme recogido un paquete o vigilado mi casa?

Me sorprendo a diario cuando me encuentro con personas que han recibido mucho bien de otras personas y solamente están dispuestas a expresar una simple palabra como “gracias”: se dan media vuelta y se van… No me estoy refiriendo a la norma de cordialidad que nos lleva a agradecer un gesto cortésmente. Me refiero a estar realmente agradecidos de corazón con aquellos que nos han hecho el bien; que a veces se han sacrificado o han cumplido con la milla extra para ayudarnos, aún fuera de sus posibilidades. Dios me perdone si no recordara lo bueno que otros han hecho por mi. Le ruego a Dios que siempre me lo recuerde.

¿Dónde quedó esa amabilidad de reconocer con una tarjeta, o una taza de café, o de retribuir el favor cuando la voluntad de Dios nos permita hacerlo? En esta sociedad egocéntrica, donde creemos que nos merecemos el favor de la gente, o que nos ayuda la suerte; seguimos caminando olvidándonos del agradecimiento; pero no debe ser así.

Recordemos que “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Sé que cuando agradecemos de corazón, con nuestros hechos, vamos a cosechar mejor. Para algunos ser agradecidos es fácil… probablemente fueron diseñados así, pero otros somos muy rápidos para recordar lo malo y se nos olvida lo bueno. Dios quiere que seamos agradecidos por naturaleza y que guardemos en nuestra memoria el bien que otros nos hacen, que escojamos voluntariamente esta virtud.

Yo soy muy bendecida, tengo un trabajo que amo y tengo amistades de más de 25 años… en ese lapso créanme que han habido diferencias, pero gracias a Dios no puedo guardar memoria de lo malo cuando comparo a través de los años las bendiciones, favores y gracias que he recibido. Ellas han sido siempre mayores que los malos momentos.

El apóstol Pablo estaba más que agradecido por los hermanos de Efeso: “No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones” Efesios 1:16.

Mi oración al Señor es que me ayude a no olvidar las bendiciones; sobre todo las que me envía a través de sus siervos y que me recuerde mantener una actitud de agradecimiento, no solamente en estas temporada si no cada día al año.

Marie T. Griffin

X