David

DavidLa Biblia afirma que «no hay nada realmente nuevo bajo el sol» (Eclesiastés 1:9, NTV). Creo que es cierto… aparte de la impresionante potencia y obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que pueden hacer nuevas todas las cosas. Lo lamentable es que con demasiada frecuencia los creyentes vivimos como si no hubiera «nada realmente nuevo bajo el sol» para nosotros. Por lo tanto, negamos el asombroso poder de Dios.

Cuando hablo de «nuevos comienzos, nuevas oportunidades», me refiero a que Dios anhela que disfrutemos esto en nuestra vida y nuestro ministerio. Entonces, ¿por qué tantos creyentes no experimentan esta «novedad» de vida y ministerio? Puede haber muchas razones. Sin embargo, la raíz de todas está en el pecado. El pecado se manifiesta en la falta de conexión entre el Señor y su poder transformador.

En 2 Crónicas 7:14, Dios dijo: «Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra» (NTV). Si queremos ver nuevos comienzos y nuevas oportunidades divinas, debemos vernos primero a nosotros mismos por lo que somos. En el mejor de los casos, somos pecadores redimidos. Como tales, nuestra vieja naturaleza a menudo asoma su horrible cabeza creando una desconexión de lo que Dios quiere hacer a través de Estados Unidos y en todo el país.

Queremos defendernos: «Yo no soy ese gran pecador». El problema no está en el tamaño ni en la magnitud de mi pecado. El pecado es pecado, sin importar su tamaño. La respuesta está en la «humildad». Dios quiere que su pueblo se humille, ore y busque su rostro. En mi caso, la humildad ha precedido a los momentos más emocionantes y productivos de mi vida, lo cual creaba una humilde dependencia del Señor, la conciencia de que con mis fuerzas no podía hacer nada de valor eterno. Cualquier actitud aparte de eso… ¡es en sí pecado! No queremos verlo de esa manera. Nuestra cultura valora a la persona que triunfa por su propio esfuerzo. En cambio, ¡la autosuficiencia es pecado!

Nuestro caótico mundo está lleno de nuevas oportunidades para construir el Reino de Dios. Las oportunidades para servir, para demostrar el amor de Cristo, para edificar la iglesia y, en última instancia, el Reino de Dios, están a nuestro alrededor.

Lo que quiere nuestro amoroso Padre es la dependencia humilde de siervos que atraviesen esas puertas de la oportunidad. En su fortaleza, y solo en su fortaleza, podemos hacer eso.

David Ecklebarger
Presidente
Spanish House Ministries

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